abrió los ojos cuando el sol se iba.
el maullido de la gata como cada vez que decide despertarla:
no son horas de siesta.
dio pasos en falso,
con el cansancio de haber estado en posición horizontal varias horas sin descansar.
llegó bien cerca, al otro ambiente
se tiró en el sillón
la gata, de espaldas a ella y de frente a la ventana,
contemplaba la tarde muriendo
ella la miró
pensó en la misma escena un tiempo atrás,
con una persona en lugar del gato.
y sintió melancolía
-voy a llorar hasta que el cielo cambie de color
y ese es el espacio y el tiempo que siento dedicarle
a este estado-
entonces lloró
y sintió que el llanto era bien merecido.
la tarde se puso muda para escucharla llorar,
la gata no entendió el llanto y
se acercó a consolarla sin preguntar.
- los gatos son tan discretos -.
le mordió el pie para provocarle otra sensación
y entonces el tiempo pasó
y el cielo cambió sus tonos
y las lagrimas se fueron sabias.
la ausencia
no es soledad de alguien,
el vacío se expresa indefinido
la tristeza se funde con el sol,
la gata despierta a su compañera,
los autos no saben manejarse.
Sale a la terraza y saluda a la luna:
la presencia
no es compañía de alguien,
la totalidad se expresa en el universo
la alegría nace con la noche.
(y si la luna se sabe llena, es ciertamente mejor).